¿Qué es lo que hizo que la música se convirtiera en uno de los pilares de la revolución negra? Hay varios factores que pueden ayudarnos a comprender la relación que históricamente ha establecido la comunidad afroamericana de los EE.UU con la música.
La sociología, entendida como la “ciencia que trata de las condiciones de existencia y desenvolvimiento de las sociedades humanas”, al abordar el apartado de la socialización de las personas, entiende que hay principalmente cuatro agentes socializadores que condicionan el desarrollo social de cada individuo; éstos son: la familia, la escuela, las relaciones entre iguales y los medios de comunicación. Teniendo en cuenta esta premisa, quiero plantear el contenido de este escrito.
El primer factor a tener en cuenta es el origen de dicha comunidad (África). Efectivamente, al analizar la relación entre las personas negras de los EE.UU y la música, es importante recalcar que los afroamericanos, en su condición de negros, pertenecen a una identidad que tiene entre sus características más representativas el ritmo, es decir, una de las propiedades por excelencia de la música.
A partir de ahí, la suma importancia que tiene la música para la comunidad afro en el marco del primer agente socializador citado anteriormente (la familia ) no es ninguna novedad. Se resume perfectamente con las siguientes palabras del trompetista estadounidense Don Cherry, que pueden leerse en el libro John Coltrane. Jazz, racismo y resistencia de Martin Smith: “ Si has nacido en una familia Negra, has nacido entre música. Siempre hay bailes y cantos, tiras dardos con música, juegas a las canicas con música, y después vas a la iglesia y hay música todo el tiempo”. Ante semejante afirmación, poco más queda por añadir al respecto.
Paralelamente, al don natural que muchos negros estadounidenses demostraban tener para lo musical, se le debe sumar el factor que, con toda seguridad, ha moldeado más la naturaleza de su música: el contexto de marginación en el que vivían. Significativamente, la música nos acompañó en las masivas manifestaciones durante el Movimiento por los Derechos Civiles en los Estados Unidos, en las que la comunidad afroamericana exigía con valentía el reconocimiento de sus derechos humanos y civiles. Ciertas canciones como Oh Freedom (Oh, libertad) y, sobre todo, We shall Overcome (Venceremos) se convirtieron en auténticos himnos de dicho movimiento. Ya no había marcha atrás.
Y es que en una sociedad en la que se les impedía tener una formación educativa y socio-laboral equiparable a la del resto de personas, para muchos negros, tanto la música como el deporte representaban las opciones con mayor proyección de futuro a la hora de enfocar su vida profesional. Así las cosas, entenderemos que la escuela, que como hemos visto es un agente socializador realmente influyente para las personas, representaba un vacío total para la comunidad negra de los EE.UU, puesto que el sistema educativo no contemplaba la posibilidad de formar a negros inteligentes –ya que se partía de la idea de que los negros éramos intelectualmente inferiores-.
Consecuentemente, para muchos afroamericanos, el decidir dedicarse a la música, además de responder a motivos que tenían que ver con su propia idiosincrasia, era una simple cuestión de lógica y probabilidad: si se me prohíbe aspirar a ejercer cualquier profesión que requiera cierto grado de inteligencia del que se presupone que carezco, y siendo consciente de mis buenas aptitudes físicas y musicales, no sería mala idea dedicarme al mundo del deporte o del espectáculo. Supongo que las reflexiones de nuestros hermanos afroamericanos por aquel entonces no serían muy diferentes a la que acabo de exponer. Evidentemente, en la medida que la comunidad afroamericana fortaleció su identidad, unidad y formación, dicha reflexión entiendo que pasó de caracterizarse por su conformidad (una simple cuestión de adaptarse al medio adverso en el que vivían), a caracterizarse por su irrevocable ambición. De hecho, sería prácticamente inconcebible entender las reivindicaciones socioculturales de los afroamericanos durante el Harlem Renaissance (Renacimiento de Harlem, época por excelencia de reafirmación identitaria de la comunidad negra de los Estados Unidos) sin tener en cuenta una previa, irremediable y fructífera asunción de sus orígenes africanos, algo que, paralelamente, les sirvió como fuente de inspiración a la hora de elaborar el contenido de sus obras.
Sucedía también que a la situación de discriminación que sufrían los afroamericanos, había que añadirle el poco interés por atender sus legítimas reivindicaciones, por lo que las reclamaciones hechas desde las instituciones que representaban a la comunidad negra, no gozaban de la proyección mediática necesaria (y recordemos que los medios de comunicación son uno de los agentes socializadores más relevantes). Ante este panorama, nuestro impacto mediático se podía percibir a escala mundial básicamente a través de determinados actos heroicos que, debido a su importancia y simbolismo, quedarán narrados por siempre con letras de oro en los libros que abordan la lucha de la comunidad negra de los Estados Unidos (el acto de Rosa Parks en el autobús, o los puños cerrados en alto de Tommie Smith y John Carlos en los Juegos Olímpicos de México de 1968, por citar dos ejemplos).
Pero, gracias a Dios, había una opción capaz de dar a nuestro problema la repercusión mundial que merecía: la música. De tal manera que, conscientes de que la música era (y es) uno de los canales de comunicación más influyentes, muchos artistas afroamericanos intentaron hacer de su música un instrumento que sirviera para expresar y denunciar las injusticias a las que se les (nos) condenaba por el hecho de ser negros (Strange fruit de Billie Holiday, A Change is gonna come de Sam Cooke o Changes del rapero 2 Pac son grandes ejemplos de canciones denuncia).
Pero la intención de ciertos artistas afroamericanos no se limitaba a denunciar la situación desfavorable de su comunidad con el objetivo de sensibilizar al conjunto de la sociedad sobre su realidad. Determinados cantantes elevaron voluntariamente la conciencia negra de sus (nuestros) hermanos gracias a las letras de sus canciones (como es el caso de James Brown y su fantástico tema Say it loud, I’m black and I’m proud/Dilo en alto, soy negro y estoy orgulloso).
Como hemos visto anteriormente, las relaciones entre iguales representan un agente socializador condicionante. Según mi punto de vista, las relaciones entre iguales no son otra cosa que la interacción entre personas. En cierta manera, ya hemos visto hasta qué punto es importante la música en la esfera familiar, pero el concepto “relación entre iguales” va más allá del ámbito hogareño. La relación, el contacto entre personas (en términos generales) no se produce en una casa, sino en el exterior, y valorando la poca interacción entre blancos y negros debido a las leyes que regían la sociedad estadounidense hace varias décadas, al hablar de las relaciones entre iguales, entenderemos que básicamente nos referimos a la relación que se establecía entre los mismos negros en la calle; y de la calle (no de la escuela) y gracias a los afroamericanos, surgió una de las culturas más representativas de la comunidad afroamericana (al menos en sus orígenes): la cultura hip hop. Una cultura que, según muchos entendidos, es consecuencia de la labor realizada por grupos como The Last Poets, un grupo de músicos que con sus canciones dieron voz y orgullo a la comunidad negra de los EE.UU. En este sentido, resulta muy revelador constatar como ciertos bailes pertenecientes a la cultura hip hop como el Krump, creado y desarrollado por la comunidad negra de los EE.UU (históricamente oprimida), se caracteriza por la enérgica agresividad en la ejecución de sus movimientos, algo que no deja de evidenciar, pues, la rabia contenida existente en las almas de algunos afroamericanos -tal y como afirman sus creadores- y que sólo un gran pueblo es capaz de transformar en una manifestación artística.
Con todo, una de las cosas que debe quedarnos clara, es que el hecho de que la música sea un lenguaje universal con la capacidad de transmitir y sensibilizar a cualquier persona sin importar su origen o color de piel, resultó algo muy favorable para la revolución negra llevada a cabo por los músicos negros de los Estados Unidos.
El texto llega a su fin, empecé el escrito planteando una pregunta (¿qué es lo que hizo que la música se convirtiera en uno de los pilares de la revolución negra?), quisiera finalizarlo con algunas más: Teniendo en cuenta la poca atención mediática que históricamente se ha prestado a las reclamaciones sociales exigidas por la comunidad negra de los Estados Unidos… ¿hasta qué punto consideráis que actualmente la enorme repercusión mediática de ciertas manifestaciones artísticas creadas por los afroamericanos son consecuencia del interés por proyectar la situación que propició su aparición? ¿Hasta qué punto creéis que los artistas afros consideran importante transmitir un mensaje que ayude a elevar la conciencia de sus hermanos? ¿Hasta qué punto consideráis que la abrumadora proyección mediática de Barack Obama concuerda con la histórica indiferencia mostrada para con los nuestros? ¿A qué se debe? Consideradlo. Haríamos bien en prestar mucha atención a las palabras con las que el rapero de Public Enemy Chuck D concluye su libro Fight the Power: “Desconfía de la moda”.
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