Si bien, el fenómeno del actual subdesarrollo está compuesto de varios elementos, lo cierto es que se gestó en las entrañas del colonialismo.
Para que pueda hablarse de subdesarrollo, debe existir una referencia de mundo desarrollado. Precisamente es este último el que creó un marco que, favoreciéndole, perjudicó a una extensa parte del mundo.
Muchos, acuden a la fecha de 1885 (momento en que la Conferencia de Berlín decidía cuál sería el destino de millones de personas) para señalar el principio de la colonización, sin embargo, fue en la Era de los Descubrimientos, cuando comenzó el proceso que nos lleva hasta nuestros días. El deseo (disfrazado de curiosidad, ó incluso de aporte a la ciencia) de lograr rutas alternativas a la Mediterránea para llegar a Las Indias y de este modo, poder traer al continente europeo sus especias y telas eludiendo riesgos, llevó a los pueblos del Sur de Europa a embarcarse en grandes exploraciones oceánicas desde mediados del siglo XV.
Argucias como los requerimientos o guerras relativamente rápidas merced a la superioridad técnica de los invasores ó a la propia fragilidad de los imperios de acogida (recordemos que los incas se encontraban en plena guerra civil cuando llegaron los hombres de Pizarro), permitieron que los vastos territorios a los que llegaron fueran fácilmente conquistados. De esto al inicio de la pauperización humana del Continente Negro hay sólo un paso:
La encomienda, por la cual, los castellanos pudieron utilizar mano de obra indígena en condiciones cercanas a la esclavitud, provocó la protesta de algunos misioneros. Había que buscar, pues, mano de obra barata y fuerte en otro lugar, y los portugueses resolvieron el problema comenzando el tráfico de mercancía más terrible de todos los tiempos.
En este punto se sitúan los orígenes del capitalismo. Portugueses y castellanos impusieron un monopolio comercial bajo el control de la monarquía, y con el desarrollo de los intercambios entre los cuatro continentes, ya podía hablarse de una economía a escala mundial.
Conocemos la causa real, el detonante, pero no la justificación que en su momento (y hay quien todavía lo defiende) se utilizó: La misión evangelizadora y civilizadora. A lo largo del tiempo, no obstante, se ha ido adaptando al pensamiento de la época. Así, en el inicio, se usaron argumentos de tipo evangelizador. En un momento en que la religión era tan importante para los pueblos, nadie osó contradecirlos. Más adelante se estableció una diferencia entre civilizados y no civilizados. Hacia el s. XIX, las tesis evolucionistas reemplazaron los lavados de conciencia anteriores. Según éstas, los africanos se encontraría en un estado poco avanzado (salvaje) en la línea de la evolución, mientras que los europeos habrían alcanzado el punto cumbre de la misma, razón por la cual tenían una “obligación moral” (Kippling) de contribuir a que el resto de pueblos de la tierra llegara a su estado. Si se parte del análisis que Walter Rodney hace en su libro How Europe underdeveloped Africa, se diría que los pueblos pasan por varias fases antes de llegar a la ideal: primero viven de forma comunal, después feudal, posteriormente llegan al capitalismo para finalizar con la fase comunista. En nuestros días, la dicotomía se establece entre desarrollados y subdesarrollados (y con eso continúan explicándose muchas injerencias).
Hablando de desarrollo y, retomando las ideas de Rodney, es preciso señalar que éste, nunca fue uniforme ni a nivel mundial, ni dentro de un mismo continente. De modo que, mientras en Europa Occidental imperaba el Antiguo Régimen con su sociedad estamental, en la Oriental, persistía el feudalismo. En África también podían encontrarse muchas diferencias, así, contrastaban territorios de base comunal, en la que la familia extendida era el eje de repartición igualitaria con grandes reinos y sultanatos establecidos en Dahomey, Asanthi, Madagascar, Abisinia ó Zanzíbar, por ejemplo. De una manera u otra, queda demostrado que en África existía historia y hubo varias formas de organización previas a la llegada de los blancos.
Quizá, fue ese el momento en que ambos continentes estuvieron más próximos a niveles de desarrollo. Lo que acaeció desde entonces perfiló el boceto de lo que ahora conocemos: un mundo plagado de desigualdades.
Europa encontró su gallina de los huevos de oro fuera, si quería sacarle el máximo provecho debía realizar esfuerzos de inversión en investigación para poder llegar con sus barcos lo antes posible, surtirse y transportar la máxima carga y lograr que la mercancía no se estropeara en el viaje. El ingenio se puso al servicio de una causa llamada riqueza, al fin y al cabo ya no era necesario mancharse las manos realizando los trabajos más duros porque para eso ya estaban los africanos. Con esa mano de obra barata fue muy fácil poblar el Nuevo Continente y lugares clave a nivel estratégico antes deshabitados como Cabo Verde ó Gorée. Las regalías y un rápido ascenso social convirtieron a América , en un lugar extraño para sus pobladores primigenios (los que no fueron exterminados, claro). La Vieja Europa, engullía oro, fagocitaba espacios y asesinaba. Unos obtuvieron más beneficios que otros: Los españoles no supieron gestionar las ganancias obtenidas gracias a su monopolio y fueron sus vecinos del Norte los que resultaron favorecidos de su mala organización.
África, se encontraba en el principio del fin... Léopold Shengor, el que fue presidente de Senegal, declaró que la causa del subdesarrollo africano fue la esclavitud. Esta afirmación no es del todo cierta, aunque su importancia fue clave, y es que, ¿cómo podía avanzar un continente entero si carecía de la fuerza motor de cambio?. Los negreros se llevaron a los jóvenes y adultos fuertes y fomentaron las luchas internas en las que coterráneos capturaban a coterráneos. Evidentemente, los que se salvaron, estaban más preocupados por no ser atrapados que por inventar la máquina de vapor. Pero esto no fue todo, los europeos interrumpieron sus flujos comerciales intracontinentales y ocuparon las principales vías de comunicación internas, además, crearon falsas necesidades de importación de manofacturas europeas, pero nunca exportaron los conocimientos precisos para la fabricación propia.
El siglo XIX fue testigo de la ocupación de África por parte de las potencias imperialistas. Los franceses se asentaron en la parte occidental atlántica, la zona oriental se caracterizó por tener una fuerte presencia británica, francesa e italiana y, portugueses, holandeses (boers) e ingleses se concentraron en la franja austral.
Entre 1870 y 1880 se incrementaron notablemente los viajes de exploración y descubrimiento. Las razones que los motivaron fueron de tipo económico (interés por nuevos mercados), político- estratégico, de prestigio, científicos y religiosos.
En el Extremo Oriente asiático tampoco se libraron de “la visita” de los europeos. A finales del s. XVIII, los ingleses se establecieron en la India. El sudeste asiático era una zona apetecible debido a la política de “puertas abiertas” de China (los gobernantes del Imperio chino, se vieron obligados a ceder ante las exigencias occidentales de comercio y esto dio lugar a un movimiento nacionalista y xenófobo ente el pueblo chino) y a la apertura económica y política de Japón.
Tanta expedición trajo consecuencias negativas en el seno del Viejo Continente. Se avivó la competitividad entre las potencias y en la década de los ochenta se produjeron varios incidentes por el control del Congo y por el avance desde Egipto hacia el Sur que pretendían lograr los ingleses. Esta situación también se dio en Asia. La Conferencia de Berlín quiso poner fin a las tensiones provocadas por el reparto de África.
Desde la propia Europa, hubo varias formas de entender el Colonialismo:
1· Los alemanes, por ejemplo, juzgaban que se trataba de una empresa demasiado complicada, pensaban que no tenían funcionarios suficientemente experimentados como para establecer un sistema de este género, así que prefirieron que la administración de Camerún, Togo, África del Sudoeste y el África del Este Alemana corriera a cargo de los comerciantes germanos emprendedores.
2· Los franceses, por su parte, entendieron que las colonias podrían ser territorios de absorción de su excedente de producción y vieron en su nacimiento el germen de nuevos mercados.
A pesar de este intento de fijación de fronteras, los conflictos coloniales terminaron por convertirse en una de las causas de la I Guerra Mundial.
Berlín significó mucho más que división, marcó el inicio de la integración de África en la periferia del sistema internacional occidental. Si bien, antes los africanos participaron en los circuitos comerciales mundiales (de la manera en que se lo permitieron) , desde este momento se tornaron en súbditos sometidos y dependientes de las potencias europeas. Para los territorios pertenecientes a Europa (que no europeos) se inventó un nuevo orden que, siempre bajo la administración colonial, se ejecutó a través de las jefaturas tradicionales, asegurando el control sobre gran parte de los habitantes. La colonización, pues, generó un sistema dual: el de los ciudadanos (colonos blancos o negros asimilados) gobernados por la ley civil y el derecho del Estado moderno, y el de la población rural gobernada mediante leyes consuetudinarias.
En cuanto a la economía, cabría decir, que se sumergió a África en un sistema basado exclusivamente en el exterior. Se impusieron monocultivos de cacao, cacahuete, café, aceite de palma...para ello no hacían falta grandes inversiones en tecnología. La industria era cosa de Europa, a los africanos les bastaba con la agricultura o la extracción minera. Sus productos eran vendidos después a precios muy competitivos, y se devolvían al continente transformados y encarecidos tras pasar por el primer mundo.
Se dice que la esclavitud había terminado, pero la realidad era otra bien distinta: Si la necesidad de materias primas era mayor se azuzaba a los africanos para que trabajaran más. Las épocas de escasez de Europa (guerras) las sudaban los africanos, multiplicando sus esfuerzos. Y cuando faltaron hombres también se echó mano del Continente Negro, prueba de ello fue la II Guerra Mundial, en la que varios soldados negros lucharon (en peores condiciones que los soldados blancos de su bando) por sus metrópolis en un conflicto que pocos entendían.
Todavía hay quien justifica el colonialismo, aduciendo que gracias a Europa, África cuenta hoy con escuelas, carreteras, hospitales, etc... A todos ellos habría que decirles que esa política de obras públicas respondió en realidad a las necesidades de la Metrópoli o de los colonos blancos afincados en África.
En cuanto a la construcción de infraestructuras, se debió fundamentalmente, a la necesidad de mejorar las vías de comunicación que facilitaran el comercio con el exterior. En las obras murieron muchos africanos e indios, porque las condiciones de trabajo eran durísimas. Por eso habilitaron hospitales, para curar a los exhaustos negros y evitar perder toda la mano de obra esclava.
Las escuelas fueron percibidas como instituciones de aculturación y alejamiento del medio circundante. Sirva de ejemplo el que en Guinea Ecuatorial, los niños tenían que estudiar el nombre de todos los ríos, afluentes y subafluentes de “su” madre patria España, pero no se les explicaba nada acerca de su realidad más cercana, ó su lengua, y se ignoró la enseñanza proveniente de los ancianos como fuente de máximo conocimiento. En este marco, surgió una generación de africanos desubicados con aspiraciones que siempre se vieron frustradas porque los mejores puestos tenían color blanco.
En cualquier caso, todos estos “avances” corresponden a la última etapa del colonialismo.
Al fin de la Segunda Guerra Mundial, los estados europeos estaban muy debilitados, éste y otros factores que ahora paso a detallar son los que impulsaron la descolonización. Hasta entonces, se adujeron razones para evitarla como que faltaba madurez en el autogobierno, o que se encontraban muy atrás a nivel económico, pero la resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que se declaraba que el atraso político ó económico no podía suponer un obstáculo en la concesión de independencia para los territorios colonizados, introdujo un cambio en la visión de mucha gente. Desde la ONU, comprendieron que “el mantenimiento del colonialismo impedía el desenvolvimiento de la cooperación económica internacional: trababa el desarrollo social, cultural y económico de los pueblos dependientes e iba en contra del ideal de paz de las Naciones Unidas”.
En la desintegración del aparato colonial también jugó un papel importante la Conferencia Afroasiática de Bandung (1955) en la que se señaló que “el colonialismo, en todas sus manifestaciones, es un mal al que hay que poner fin rápidamente”. Ahora bien, el fenómeno empezó en Asia. A él contribuyeron una herencia de nacionalismo en los territorios ocupados, el rol desestabilizador de Japón durante la guerra, ó la influencia del reciente (1949) comunismo chino.
El mundo árabe también se caracterizó por su fuerte nacionalismo, cuyo origen data de principios del siglo XX, y se explica primero por el sentimiento anti-otomano y después por el anti-occidental. Allí, la descolonización se dio en dos fases: primero en la década de los cincuenta y en los setenta, afectó a la mayor parte de las tierras. En un segundo momento le tocó el turno a los pequeños estados del Oriente Próximo, ricos en petróleo.
Los últimos en alcanzar la independencia fueron los subsaharianos. En los albores del siglo XX ya existían movimientos panafricanos que reclamaban el fin de la era colonial, pero su fuerza era muy escasa. En realidad los problemas vinieron por parte de aquellos a los que denominaron “asimilados” . El empeño que muchos africanos habían puesto en su formación para poder lograr un estatus similar al de los colonos, no se vio recompensado con puestos de trabajo similares, encontraron subempleos que no se correspondían con su nivel educativo. Esto provocó un gran desaliento que se tradujo en la formación de partidos que reivindicaban un cambio. Por otro lado, y dado que al final de la dominación colonial los precios de las materias primas provenientes de África bajaron mucho, una ingente cantidad de población decidió abandonar el campo y trasladarse a la ciudad, donde sus condiciones de vida no mejoraron. Lejos de eso, tendieron a apiñarse formando suburbios de una salubridad discutible y muchos carecían de trabajo. Unos y otros estaban descontentos, y los partidos políticos creados por las élites intelectuales lograron aglutinar en su seno a un electorado de ideas más radicales que sus propias tesis fundacionales. A algunos les hubiera bastado con algo más de autonomía, pero la carrera hacia la autodeterminación ya había comenzado.
En Europa, ni tan siquiera se planteaban el perder sus territorios de ultramar. Pero tras la guerra, el peso de Europa Occidental ya no era el mismo, dependía de E.E.U.U., y es que había nacido un nuevo orden mundial antitético y bicéfalo, y ninguna de las partes se manifestó a favor del mantenimiento del régimen colonial. Los Estados Unidos tenían un problema de conciencia, porque apoyaban ideológicamente los movimientos de emancipación, pero no querían perder el apoyo de Europa, de manera que siguieron una política de ambigüedad. La Unión Soviética, en cambio, fue más clara, y llegó a prestar apoyo a varios territorios africanos en su lucha colonial. Así las cosas, la Guerra Fría se trasladó al Continente Negro, dejaron de importar los problemas internos de los incipientes países, sólo interesaba establecer bases militares con armas apuntando hacia el enemigo.
Si Europa abandonó África no fue tanto por las presiones provenientes del mundo desarrollado como porque ya no le reportaba los beneficios de otrora. África elevaba su voz, y era escuchada por otros que le daban la razón. Aplacar sus quejas hubiera requerido de grandes inversiones, que las metrópolis no estaban dispuestas a realizar.
En la década de los sesenta, la mayoría de las tierras africanas obtenía su tan ansiada independencia política. Pronto comprendieron que ésta carecía de valor si no se acompañaba de una independencia económica. Tras la descolonización, África mantuvo su economía basada en el exterior. Las monedas de las nuevas naciones estaban ligadas a las de la metrópoli, los bancos metropolitanos dominaban su sistema bancario y de la explotación de sus productos estrella (fruto del monocultivo) se encargaban empresas europeas.
Vemos que en el momento del “renacimiento” del continente africano, las cosas no estaban bien. Es más, cuando hablo más arriba, de independencia política también debería hacerlo con reservas. Las élites que ocuparon el poder inmediatamente después de la liberación, heredaron un sistema calcado del de la era colonial, era despótico y escasamente desarrollado. No se molestaron en construir uno nuevo porque no veían más allá de sus narices: tenían reconocimiento internacional y recibirían ayuda económica. Si para existir necesitaban ser reconocidos y ayuda externa...¿ son acaso independientes?.
Continúo. Los nuevos estados post-colonización siguieron las fronteras trazadas por Bismarck y cía en Berlín en el siglo XIX. Extraño, puesto que el África precolonial se caracterizó por su ausencia de rigidez. Los territorios mutaban, extensos grupos de población se desplazaban, las identidades étnicas compartían espacios o viajes, incluso...Moverse era la salida natural en muchos conflictos. La descolonización, lo cambió todo.
A este pasado hay que remontarse cuando se habla de luchas tribales. Suelen explicarse, afirmando que los europeos mezclaron a distintas tribus enemigas dentro de un mismo territorio. Antes de la descolonización compartían intereses: echar a los europeos, pero una vez obtuvieron su independencia resurgieron las diferencias de tiempo atrás. Esta es la forma en la que se nos han presentado la mayoría de las guerras civiles africanas. Lo cierto es que en algunos casos si coincide con la realidad (ejemplo: Ruanda, la minoría de los pastores Batutsi gobernaba sobre la mayoría ganadera bahutu, las desigualdades endémicas y la apropiación de recursos por parte de Congo y Uganda complicaron la situación), pero en muchas ocasiones esta explicación no sirve. ¿Por qué? Porque en África llevaban compartiendo espacio distintas tribus siglos, y nunca había supuesto ningún impedimento para la correcta convivencia. Fueron los europeos los que se encargaron de fomentar las diferencias y hacerlas insalvables, convirtieron a la tribu distinta en tribu enemiga ( baste recordar las matanzas previas al fin del apartheid entre zulúes y xhosas).
Todo esto nos lleva a la situación actual:
África semi-independiente: Países reconocidos como soberanos a nivel internacional, que, no obstante han mantenido estrechos lazos con sus antiguas metrópolis. Esto podría ser hasta bonito si no fuera por el tipo de relación que se ha dado. África pasó del comunalismo al capitalismo casi sin transición, los “nuevos” países carecen de madurez política y eso se ha traducido en mandatarios corruptos fácilmente manipulables desde fuera. Para ilustrarlo me serviré de la manera en que la vecina Francia actuó tras la descolonización: creó una Zona Franca por la cual, sus ex -territorios deberían efectuar sus cuentas exteriores a través del mercado de París, aceptando conservar sus reservas de cambio en forma de francos franceses. No contentos con eso, firmaron con Chad, Costa de Marfil, Madagascar, Yibuti, Gabón y República Centroafricana acuerdos de defensa e instalaron en cada uno de esos países tropas permanentes. Además instauraron la figura del consejero militar francés que se estableció en todas las antiguas colonias francesas (menos en Argelia, Malí y Guinea) y la República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi, Libia y Egipto. Un dato: En 1969 había 1400 militares franceses en toda África, en 1970, 12.500.
Las injerencias en las políticas nacionales han sido constantes, y se remontan al periodo inmediatamente anterior a la descolonización. Desde las metrópolis se movieron con rapidez para lograr que los flamantes nuevos presidentes fueran pro-metropolitanos. Esto significa que encarcelaron y persiguieron a todos aquellos que parecían reticentes a continuar subyugados a intereses externos, y contribuyeron a instalar en el poder a Jefes de Gobierno amigos, y, sobre todo, títeres. El paso de los años no ha cambiado la situación. Prueba de ello es la situación de la Suiza africana, Costa de Marfil, Laurent Gbagbo quiso salirse del redil...francés.
Tensiones permanentes en el mundo árabe: Tres son las causas principales:
1.La religión (más bien, la exacerbación de la misma) se ha convertido en refugio de estudiantes sin trabajo y pobres en general, el intento de las facciones más radicales de alcanzar el poder, ha degenerado en terrorismo.
2. El conflicto iniciado por el periodista Tomás Herzl , los sionistas y los ingleses que, buscando un lugar para los judíos decidieron ocupar un espacio ya poblado por palestinos.
3. La existencia de una importante cantidad de petróleo en la zona del Golfo Pérsico. Su apropiación genera muchos problemas.
División internacional del trabajo entre centro compuesto por los países más desarrollados que son los que dirigen la economía mundial y periferia, exportadora de materias primas y fuentes de energía. O sea, que África no se ha movido de su sitio, continúa basando su economía en el exterior. Cuando alcanzó su independencia debió haber realizado una reforma interna que cambiara cada país de los pies a la cabeza. De nada sirve ser reconocido, tener un nombre ó un voto en la O.N.U. si las estructuras del colonialismo se mantienen intactas. Algunos países si iniciaron esos cambios, sobre todo aquellos con espíritu más socializante. Ese fue el caso de Angola, pero poco pudo hacer cuando hubo de dirigir todos sus esfuerzos a parar la guerra civil que la destruyó casi por completo.
Endeudamiento: Los beneficios obtenidos de los excedentes africanos nunca han sido destinados a los propios africanos, ya que la explotación de sus recursos desde la época imperialista, ha estado en manos extranjeras. Concluida la descolonización y, tras dos décadas de relativa bonanza, el sueño africano se vino abajo: en 1983 se hacía visible la recesión con una fuerte crisis financiera. El Banco Mundial hizo acto de aparición escudado en “el informe Berg”, que no sólo analizaba las causas de la recesión sino que además apuntaba algunas medidas para solucionarla: si querían recuperarse tendrían que aumentar las conexiones financieras y comerciales con el exterior con la agricultura como eje de toda actuación. La mayoría de los países africanos adoptaron estas disposiciones como planes de ajuste estructural a largo plazo. Aumentaron las exportaciones, pero la demanda no absorbió toda la oferta, y, por si esto no fuera suficiente, bajaron los precios de las materias primas. Con todo, hay que aclarar que el sector más importante generador de divisas en el África Subsahariana es el petróleo, pero se trata de una actividad que afecta a un pequeño porcentaje de población (entre el 60 y el 80% se dedica al sector primario), y que ha sufrido la misma evolución que la agricultura: bajada de precios y aumento de producción.
La política del B.M. y del F.M.I. no funcionó, pero no estaban dispuestos a reconocerlo. Una mentira ocultó a otra mentira, la marcha atrás podía ser considerada como una derrota, así que empeñados en tener la razón aún sabiendo que se equivocaban enfangaron a todo un continente confiado. África empezó a pedir, y para recibir debía seguir las directrices del B.M. y del F.M.I., como no iban bien, seguía pidiendo. Crecía y crece la deuda y los intereses de la misma. Parece no haber salida.
Los donantes, conciertan reuniones en habitaciones verdes y obtienen derechos de explotación petrolífera a cambio de no cortar el grifo. Lo que en un principio se estableció como criterio básico de recepción de ayuda, el buen gobierno, perdió su significado. Por buen gobierno ya no se entiende al demócrata ó al que respeta los derechos humanos, sino al que está dispuesto a dejar que el país que preside se llene de multinacionales voraces, o el que permite que sean empresas extranjeras las que llenen de agujeros un suelo rico en oro negro ó diamantes. Pero, ¿quién puede negarse a recibir ayuda?.
El espejismo de la creación de la Organización para la Unidad Africana, no fue más que eso. Una institución creada para defender los intereses de los gobernantes y no de los países implicados. Nació el 25 de Mayo de 1963 con los siguientes objetivos:
1.Reforzar la Unidad y la solidaridad de los Estados Africanos.
2.Coordinar e intensificar su cooperación.
3.Defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia.
4.Eliminar de África el colonialismo en todas sus formas.
5.Favorecer la cooperación internacional.
En 42 años, su intervención ha sido casi simbólica , sólo en los últimos tiempos ha cobrado algo más de fuerza en conflictos como el liberiano. Pero falta mucho por hacer...
Antes de cerrar el análisis, me gustaría añadir que el fenómeno colonial tampoco fue uniforme. Hubo potencias colonizadoras más devastadoras que otras. Tal es el caso de Portugal, que exportó su atraso a las colonias. Y que, pensando que su única fuerza en Europa sería su tamaño y posesiones, se negó a abandonar sus territorios africanos embarcándose en cruentas guerras. Se dice que Luanda, había llegado a alcanzar un nivel de desarrollo superior al de Lisboa (lo cual no tiene mucho mérito), Maputo no estaba mal del todo, Bissau fue la hermana pobre, pero...tras la guerra no han quedado más que minas y tierras arrasadas por el NAPALM. Sólo cabe comenzar de nuevo..., así!
BIBLIOGRAFÍA
MANDELA Nelson, El largo camino hacia la libertad,
MARX Karl y ENGELS Friedrich, Sobre el Colonialismo, México, Cuadernos de pasado y presente, ed. Prometeo Libros, 1979.
PEÑAS Francisco Javier (ed.), África en el sistema internacional. Cinco siglos de frontera, Madrid, editorial Catarata, 2000.
RODNEY Walter, How Europe underdeveloped Africa, Dar es Salam, Tanzania Publishing House & Washington DC, Howard U.P., 1981.
CORTÉS LÓPEZ José Luis, Francia, el gendarme de África, Mundo Negro N.488.
GONZÁLEZ CALVO Gerardo, África, la tercera colonización, Mundo Negro N.490.
Con este trabajo he querido establecer la directa relación existente entre el fenómeno de la presencia europea en África y el subdesarrollo actual del continente. Me sirvo del continente africano como paradigma ilustrativo aunque podía haber utilizado cualquier otro lugar afectado por ese fenómeno, y de hecho, en varias ocasiones hago referencia al mundo árabe , el sudeste asiático e incluso el Nuevo Continente.
He intentado llevar un orden cronológico aunque en ocasiones retrocedo para fijar ideas o explicar causas perdidas en el tiempo ó me adelanto para anticipar consecuencias.
Utilizo un lenguaje que, en ocasiones roza lo coloquial porque creo que hay pasajes que lo merecen y que de lo contrario, perderían expresividad.
Me valgo mucho de ejemplos insignificantes para dotar de mayor realismo y cercanía al análisis, la colonización existió.
En cualquier caso, me quedo muy corta, como diría Ryszard Kapuscinski en Ébano: “Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos “África”. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe”.
NOTA: TEXTO ESCRITO EN 2005