Hay un país en el mundo que es invisible.
Ni siquiera aparece en los mapas (¿o acaso sí aparece y nadie es capaz de verlo?).
Es un hueco.
Se respeta el espacio que ocupa como si fuera un banco de niebla y es tratado como una especie de agujero negro, de triángulo de las bermudas al que todos temen acercarse por miedo a que los absorba.
Nadie menciona su nombre. Tal vez esté prohibido por una ley no escrita que yo desconozco.
A veces pienso que yo lo imaginé, que en realidad no existe, que tienen razón los que lo niegan, los que temen mencionarlo, los que lo hicieron desaparecer del mapa.
Ni siquiera aparece en los medios: ni como país ni como invisible (y mira que esto es una buena primicia porque yo creo que es el único país invisible del mundo) y esto sí que es una señal porque, de todos es conocido, que si en los medios no lo nombran es porque en realidad no existe.
Pero sé que no lo imaginé. Yo sé que existe aunque nadie lo nombre, aunque nadie sea capaz de verlo.
Lo sé porque lo oigo. Oigo el ruido atolondrado de sus calles llenas de gente, oigo los cánticos de los bana en las escuelas, oigo a los boys llamando a gritos a la gente a sus taxis - bus y pregonando sus destinos, oigo las risas de los jóvenes, oigo la música al ritmo de viejas rumbas,oigo a Lokua y a Papa Wemba sonando en altavoces amañados y al alto la lleva, oigo a los vendedores ambulantes ofreciendo sus mercancías, oigo el ruido del mortero machacando la yuca, el agua hirviendo para hacer el fufú, el agua que no llega a su destino. la luz que se apaga, oigo a las madres (madres, aunque aún no lo sean, mujeres coraje que llevan al país invisible sobre sus espaldas sin notar siquiera su peso)...Oigo, al fin y al cabo, la vida. La vida en estado puro: excesiva, apabullante, alegre y llena, plena. Pura vida, que dirían los ticos (algunos, por cierto, descendientes de éstos).
También soy capaz de olerlo. Al país invisible, digo. Sí, aunque no lo crean soy capaz de olerlo. Esto me cuesta un poco más porque mi olfato es bastante malo y la distancia hace que se pierda bastante por el camino pero me llega la esencia a sudor, a trabajo duro, a tierra roja, a miles de seres, a mbisi ya kokawuka (pescado seco), a fwmbua y a pollo con mwamba, me huele a río, a piedras, a liputas secando al sol, a recién nacidos, me huele al aroma del amor y de la muerte, me huele a oro y a coltán, a selva y a animales salvajes, me huele a mango y a colonias baratas, a mercados bulliciosos y a jugar en la calle. Me huele a vida. Pura vida, de nuevo, a través de todos sus olores.
Y entonces tengo la certeza de que no lo soñé porque un país que es pura vida en su ritmo y en su olor no puede no existir por muy invisible que parezca (o lo hagan parecer).
Y por encima de todo esto, sobre todo últimamente, oigo el ruido de la muerte, de la sangre, de la desesperación de las madres (que están cansadas de llevar tanto peso a sus espaldas), de las niñas a las que violan destrozándoles más que el alma y el cuerpo, oigo cicatrices que se abren, oigo el llanto de los ancianos, la rabia apenas mascullada de los padres (incapaces hasta ahora de hacer nada), la falta de futuro de los estudiantes. Oigo también risas pero no son risas alegres ni diáfanas sino ambiciosas y perversas como si provinieran de demonios cometiendo un montón de fechorías. Oigo el silencio. Siento la tensión y el miedo de la espera (pero ¿a qué esperan?¿a qué están esperando y hasta cuándo?). Oigo como todo ello explota en una sola detonación y de repente el caos.
Pero de repente me llega el olor a esperanza.
Brota por todos los lados y, a pesar de mi pésimo olfato, me envuelve y me rodea. Hace que se acalle el caos y la locura, el no saber, la desesperación, la rabia. Creo que hay una oportunidad y debe ser aprovechada porque si no pasarán años, siglos antes de poder tener tanta esperanza, tanta fuerza, tantas ganas.
Antes siempre que pensaba en el país invisible lo hacía con tristeza pero ahora...Ahora sigo sin creer en los finales felices de los cuentos pero empiezo a creer en los comienzos titubeantes pero, al fin y al cabo, comienzos.
Llevo rato hablando sobre él y aún no he dicho su nombre. Creo que ya es hora. Su hora. El tiempo de hacerse visible, de hacerse negro, de hacerse vivo, de hacerse fuerte, de hacerse lucha, de hacerse real...PURA VIDA.
Su nombre RD CONGO y existe.
¿No lo oyen?¿No lo huelen?¿No lo ven?...
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