“La población negra de la Europa actual está y estará en las mismas circunstancias que los afroamericanos”. La frase que acabo de citar pertenece a un fragmento del fantástico libro Población negra en Europa. Segunda generación, nacionales sin ninguna nación, del escritor camerunés Inongo-vi-Makomè. Dicho pronóstico debe situarse en su contexto real, es decir, coincidiendo con el año en el que fue escrito (2006).
La verdad es que, puestos a comparar la situación actual de la población afroamericana y afroeuropea en sus respectivas sociedades, desgraciadamente nada hace pensar que, por ahora, nos encontremos ante circunstancias similares. Mientras que en Estados Unidos el actual presidente (Barack Obama) es negro, resulta prácticamente una utopía pensar que en la actualidad o a corto plazo, los ciudadanos de un país europeo vayan a votar a una persona negra para, así, erigirla como su máximo mandatario. De hecho, los niveles de racismo establecidos en Europa, lejos de disminuir, están tomando cada vez más fuerza, tal y como lo demuestra el auge que están teniendo últimamente los partidos políticos vinculados a ideas xenófobas y racistas (algo que, consecuentemente, hace menos probable le elección de un presidente -o presidenta- negro). Incluso en un país como Francia, con la relevancia que tuvo durante la explosión del movimiento que conocemos con el nombre de Negritud, los problemas raciales están a la orden del día.
Haciendo honor a la verdad, también es cierto que en Estados Unidos últimamente han surgido movimientos políticos como el conocido Tea Party, reconocido también por sus propuestas xenófobas y que, incluso así, ha conseguido el respaldo de una gran masa social. Pero allí (en EE.UU), al menos hace ya un tiempo que el sueño de Martin Luther King (que a las personas se le juzgue por sus aptitudes y no por el color de su piel) ha dejado de ser una ilusión para convertirse en una “realidad”.
Ciertamente, la evolución de la comunidad afroamericana en el seno de su sociedad ha sido parte crucial de su historia, por lo que los libros que leen los niños en el colegio no pueden ignorarla (a no ser que su sistema educativo pretenda formar a personas que desconozcan episodios elementales de la historia de su propio país). Desgraciadamente, no pasa lo mismo, y hablo desde mi experiencia en España, en Europa. Durante mi infancia y posterior adolescencia, prácticamente no recuerdo haber tenido la oportunidad de instruirme eficientemente sobre la relación histórica establecida entre Europa y África (y más concretamente, y puesto que he crecido y estudiado en España, entre España y Guinea Ecuatorial, los 2 países que, por los lazos que les unen, deberían haberse mencionado más en los libros que leí). Incluso así, y sin tener ni la mitad de inquietud hacia la Historia Negra que tengo hoy, recuerdo haber realizado los trabajos más relevantes de secundaria (en los que se dejaba elegir el tema a tratar a cada estudiante) sobre racismo e inmigración. Ni me imagino, por lo tanto, el compromiso que los estudiantes negros mostraríamos hacia nuestra historia si desde las instituciones pertinentes se nos ofreciese el conocimiento adecuado sobre la materia en cuestión (algo poco probable, a no ser que quieran fomentar el desarraigo de la comunidad afroespañola con España). Y, sin ser la primera vez que lo hago, quiero recordar las palabras del rapero de Public Enemy Chuck D en su libro Fight The Power en relación a la importancia crucial que tiene la educación a la hora de desarrollar una identidad sólida, dice así: “Nuestro legado no forma parte del plan de estudios de nuestros niños. Éste es un problema serio”.
Es por este motivo que cualquier actividad instructiva que nazca de nosotros (afrodescendientes) y que supla el significativo vacío informativo que aplican los sistemas educativos europeos en relación a nuestra historia, tiene potencialmente más importancia de lo que creemos.
Mención a aparte merece la presencia de negros en los medios de comunicación (recordemos, uno de los agentes sociales que más condiciona la percepción de la realidad que desarrollan las personas). La Celda de Mumia publicó, hace no mucho, un texto titulado Afrodescendencia, escrito por nuestra hermana Lucía. En dicho texto, en el apartado dedicado a los medios de comunicación, Lucía decía: “¿Y qué reflejan esos medios sobre la afrodescendencia española? . Pregúntenselo. Reflexionen. Echen la vista atrás. Recuerden. Estrújense. ¿Nada? Pues eso, nada. Salen negros, sí, inmigrantes recién llegados normalmente, sí, en situaciones penosas casi siempre, sí, desvalidos en la mayor parte de las ocasiones, sí, o delinquiendo, sí. Pero...¿negros españoles? o ¿negros en situación de normalidad? Pocos muy pocos. ¿ Y qué hay de las series de televisión? ¿ En cuántas aparece un negro haciendo de algo que no sea prostituta, asistente doméstica o con acento extranjero?”.
Evidentemente, la reflexión expuesta por Lucía sobre la presencia de los negros en la televisión española, nada tiene que ver con la realidad afroamericana. De hecho, hace pocos días la prensa internacional se hizo eco de una noticia que en Europa resultaría inverosímil: “Oprah Winfrey deja la TV tras 25 años de reinado”; a la vez que se nos recordaba el status que goza Oprah como mujer multimillonaria y persona más influyente de la TV estadounidense. ¿Hasta qué punto creéis que la proyección y trayectoria profesional de Oprah en Estados Unidos es factible para una presentadora negra en España? (salvando las distancias mediáticas y económicas entre ambos países).
Acabo con un breve fragmento del libro de Inongo con el que empezaba el texto: “Debemos crear nuestros propios medios de comunicación, nuestras editoriales, nuestras compañías de teatro, nuestros estudios de cine… Los blancos han de ayudarnos a conseguirlo porque será beneficioso para todos”.
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