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| Soco Mbuy |
“Cada ciudadano está comprometido a aportar lo mejor que tiene para el otro”
Soco Mbuy es una robusta mujer de apariencia fuerte, alegre y luchadora. Procedente de una familia de clase media y la más pequeña de 11 hermanos, nació hace 34 años en el pueblo de Niefang, en el interior de Guinea Ecuatorial.
Su sueño siempre fue el de ayudar a los niños de su país, objetivo que ya ha conseguido con la fundación de la ONG AfroCat, hace dos años. Pero detrás de su actual apariencia fuerte y decidida se esconde una dura historia de lucha y superación que empezó con su llegada a España en 1996 para formarse como monja.
¿Por qué quisiste hacerte monja?
Las profesoras de nuestra escuela en Niefang eran monjas españolas y yo desde los 10 años siempre estaba con ellas ayudándolas y cuidando a los demás niños. Sobre todo me encariñé mucho con una de ellas, la Hermana Esperanza. Ella ha sido siempre mi principal referencia. Era una monja sencilla, de mentalidad muy moderna que había dejado todas las comodidades de España para venirse a vivir a un país como Guinea Ecuatorial. Con el tiempo me propusieron irme a España a formarme como monja, así que cuando cumplí los 18 años, en el año 96, me fui con la intención de volver a Guinea Ecuatorial para ayudar a mi pueblo como hacía la Hermana Esperanza.
¿Cómo fue tu llegada a España?
El cambio fue muy fuerte. Las monjas de Guinea siempre me habían conocido y tratado como a una igual, en cambio las monjas españolas me trataban como a una africana pobre que solo quería ser monja para salir de su país. No me dejaron optar por más estudios que los de Ciencias Religiosas, mientras que otras monjas si podían estudiar otras cosas.
¿Cuál fue tu experiencia en el convento?
Tras estar el primer año en un par de conventos, me mandaron a estudiar siete años en una casa de formación para monjas en Matadepera. Allí me hicieron aguantar muchas humillaciones y penalidades. Me controlaban todos mis movimientos, hasta me vigilaban y leían todas las cartas que enviaba a mi familia. Pero mantenía la esperanza de que una vez me hiciera monja ya tendría más poder dentro del convento y todo cambiaría.
¿Qué tareas hacían las monjas en su día a día?
Rezar y poco más. Yo que venía de un lugar pobre no entendía qué hacían unas monjas ayudando en un pueblo tan rico como Matadepera, donde algunos niños venían con grandes coches y guardaespaldas a la guardería del convento. Incluso una vez las monjas no quisieron darle plaza gratuita al hijo de una mujer marroquí necesitada porque preferían a un niño que pudiese pagar su plaza.
¿Qué ocurrió cuando al fin te hiciste monja?
Casi nada cambió. La única recompensa es que me pude sacar el título de monitora para cuidar a los niños en verano y ayudar en el comedor de la guardería que había en el convento. Lo mejor de todo es que las monjas se pensaban que destinarme allí a cuidar niños era un castigo. En cambio a mi me encantaba.
¿Como lograste salir de allí?
Llegó un punto en que empecé a tener un estado muy crítico de salud. Engordé mucho y no veía ninguna salida a la situación. Incluso pensé en suicidarme, pero no lo hice solo por respeto a mi madre. Era el 6 de noviembre del 2002 y tenía 25 años. Fue un día clave que guardaré siempre en mi memoria. Sólo quería volver a ver a mi familia y olvidarme que había sido monja alguna vez.
Y volviste a Guinea…
Volví sintiéndome como si hubiera desperdiciado muchos años de mi vida y no hubiera sacado nada de provecho. Pero al contrario de lo que pensaba, mi familia lo entendió todo y me apoyó. Aunque en el pueblo aún hay gente que piensa que me fui a España con la excusa de hacerme monja para salir del país. Pero si hubiera sido así yo no habría aguantado tanto tiempo.
¿Volviste a ver a las monjas otra vez?
No quise saber nunca más nada de ellas. Volví a España, donde una amiga me dejó vivir unos meses en su estudio en Badalona. Estuve trabajando como monitora, cuidando a niños y a gente mayor. Mi primer sueldo fijo fueron 300 euros como monitora de comedor. Con ese dinero alquilé una habitación en Badalona por 250 euros y vivía el resto del mes con los 50 que me quedaban.
¿Fue en este momento que empezaste a trabajar con diferentes asociaciones?
Trabajé con la plataforma del Consell Nacional de la Joventut de Catalunya (CNJC) en el departamento de cooperación y cohesión social, donde aprendí mucho. También estuve en otras asociaciones africanas, así como coordinando el festival de Barnàfrika durante tres años. Siempre con los objetivos de dar a conocer la cultura y los valores africanos y volver a Guinea Ecuatorial para ayudar a los niños.
¿Tuviste alguna mala experiencia con alguna ONG en la que colaboraste?
Estuve un tiempo trabajando en S.O.S África, ONG de la que quedé muy decepcionada por la poca transparencia y fiabilidad que ofrecía. Me fui y con el dinero de la indemnización me pagué un postgrado de Dirección y gestión de ONG’s en la Fundación Pere Tarrés.
Allí empezaste a diseñar tu proyecto personal de AfroCat, que lleva dos años en activo. ¿Qué objetivos tiene esta ONG?
Queremos acabar con el gran desconocimiento que hay sobre África y hacer intercambios culturales entre los jóvenes catalanes y guineanos. Por otra parte queremos dar la oportunidad a los niños de Niefang para que puedan disfrutar de colonias en sus meses de vacaciones y al salir de clase. La idea es darles la oportunidad de que aprendan a partir de talleres, juegos y actividades en vez de estar en la calle sin hacer nada. Hasta hoy hemos hecho dos colonias y han sido un éxito. También queremos formar a jóvenes para que sean monitores voluntarios de la ONG y dar talleres de informática.
¿Cómo ves tu futuro de ahora en adelante?
Este año me voy a ir definitivamente allí, creo que mi tiempo en España ha acabado. Pese a que Guinea Ecuatorial no es un país donde haya miseria como en otros países africanos, aún hay muchas necesidades que cubrir y ahora la ONG que siempre había imaginado ya está en marcha. Pienso que cada ciudadano está comprometido a aportar lo mejor que pueda para el otro. Creo que si la sociedad se vuelve pasiva nunca crecerá y nunca avanzaremos.

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