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sábado, 13 de agosto de 2011

Lo que sé de África (por Cristina González)

No conozco África. Nunca he puesto los pies en el continente vecino. No conozco a los africanos: su día a día, su cotidianidad, sus miserias y sus orgullos, qué sienten, cómo y por qué lo sienten...
No conozco África pero si cierro los ojos soy capaz de imaginarme allí, rodeada de gente que camina, niños que juegan, tierra roja, humedad, madres adornadas con hermosos y coloridos "liputas", taxis que pasan tratando de no llevarme por delante, vendedores ambulantes, abundante vegetación, gente que grita... Soy capaz de sentir realmente que estoy allí, que también yo - pese a mi "blanquitud" - pertenezco a ese  lugar.
No conozco África pero conozco su diáspora y eso me hace ver África con los ojos (tal vez) distorsionados de los que salen de allí. No me atrevo a decir que, en todos los casos, al menos, salgan huyendo de sus países. Salen, simplemente. A veces, obligados, a veces necesitados, a veces aventureros, a veces sólo cansados de la misma realidad que lleva hacia ninguna parte generación tras generación.
No pretendo dilucidar quién tiene la culpa de lo que pasa con África porque ni siquiera yo lo tengo claro. La culpa es de Occidente pero también de los propios africanos. Pero llegados a este punto cabe preguntarse  si son ellos que son así, con esa naturaleza llena de contrastes por algún misterio genético: capaces de aguantar y consentir los más abominables maltratos y capaces de las más brutales rebeliones, o es que los europeos conseguimos sacar lo peor de ellos y convertirlos en lo que son hoy en día. ¿Qué fue primero el huevo o la gallina?.
África está por los suelos (pocos, por no decir ninguno, países se salvan). Se arrastra, se deja pisotear. Siempre hay cosas más importantes y prioritarias que África.
Las diásporas se acomodan. Cada cual vino como pudo, usando los recursos - cualesquiera que éstos fuesen - a su alcance. Cuando llegan a la meta, se acabó. Se vuelven impasibles.Es como si tuviesen cubierto su cupo de dolor, propio y ajeno. Viven sin vivir aquí. Pero como ya no son ni de aquí ni de allí, viven sin vivir realmente en ningún lado.Yo creo que se desnaturalizan un poco (pero ésta es sólo mi opinión).
Me he vuelto, sin pretenderlo (o quizá sí), parte de la diáspora de un lugar en el que nunca he puesto los pies, he adoptado su lucha como propia, me dejan ver más allá de lo debido porque ya han dejado de verme (diferente). Soy una más. Ven más allá de mi color, al igual que yo trato de ver más allá del suyo. Son capaces de hablar mal de los blancos sin tener en cuenta que yo también lo soy. Se muestran desnudos, pensamientos no políticamente correctos, me dan su alma en una mano y yo sólo tengo que acariciarla. Me muestran todas sus virtudes y todas sus vergüenzas, todas sus miserias y todos sus orgullos.
Por ello, yo he dejado de pertenecer también a alguna parte: no me siento identificada con mi gente de aquí y tampoco soy capaz de identificarme al cien por cien con una realidad que me choca, que me viene grande, que me resulta inabarcable y muchas veces incomprensible. Por todo ello, me siento capaz de opinar. Sabiendo bien lo que digo y por qué lo digo.
A veces, escucho o leo comentarios de gente "tolerante", "alternativa" que me sobrecogen, que me apabullan. No sé si ellos al leerlos se sienten igual. Pero ellos nos leen, nos escuchan, les interesa realmente lo que queremos (a fuerza) decirles, ¿les interesa de verdad nuestra "ayuda"?.
Sonrío. Porque yo misma, como persona y posteriormente como profesional, tenía el mismo discurso, el mismo sentimiento, la misma vocación. Ahora que estoy un poco al otro lado me replanteo todo eso una y otra vez. Supongo que está bien, que es bueno, que se consigue mucho y se salvan muchas vidas, o más que vidas, personas pero ya no puedo verlo así.
El otro día leía algo así como "ellos nos necesitan, necesitan que les ayudemos". ¿De verdad? ¿Es necesario que hordas de cooperantes internacionales lleguen, acampen y les digan cómo tienen que vivir, lo que tienen que hacer mientras cuando acaba su fatigosa jornada se van al mismo bar de blancos en el que se reúnen todas las camarillas extrajeras y autóctonas que les hacen la cama al país?.
¿Realmente vamos a "ayudarlos" (esta palabra cada vez me hace más gracia) o vamos a ayudarnos?. Otra mítica frase que he oído últimamente es "La ilusión de mi vida es ir 3 meses a ayudar a África - pero solo 3 meses- para que me abra la mente y me haga valorar lo importante de lo que tengo aquí". Me quedo muerta. ¿Estamos usando África como terapia?.
No trato (o al menos no es mi intención) quitar mérito a la gente que trabaja sobre el terreno o por el terreno porque se están haciendo cosas verdaderamente grandes e importantes dentro de esa inmensidad de las que casi ni nos damos cuenta. Recuerdo a dos maestras del este de RDC. No tienen nada, apenas un sueldo que les da para sobrevivir pero han montado un grupo de terapia para las víctimas de las violaciones. Entran en un aula, se sientan, cada una habla de lo que quiere, el resto escucha, cantan, se dan consejos. No tienen financiación de ningún tipo, ni siquiera se describirían como ONG pero se juegan el tipo y hacen un trabajo incalculable. Recuerdo a un joven español que lo vendió todo y se hizo una escuela (en India, creo), que empezó financiándose a través de amigos y familiares. Vive con, por y para los niños que acoge. Sólo personal autóctono con las mismas ganas que él y algún alternativo con ganas de conocer mundo que se pasea por allí de vez en cuando para tener algo que contar a su vuelta y lo implicado que está con este mundo de mierda.
Mi pregunta es (y doy por hecho que a muchos les rechinará en los oídos) ¿no tienen gente propia capaz de ayudarlos o es necesario seguir usando ese paternalismo colonialista 2 siglos después?.
Tienen gente ¡claro que la tienen! tan válida o más que el resto, que se conoce bien la realidad, que aman a sus países y que se juegan la vida sólo por eso, por pequeños actos que nosotros vemos insignificantes.
Tal vez no tengan nuestros recursos ni nuestro dinero pero tienen su imaginación, su fuerza y su amor.
Si les preguntamos si necesitan nuestra ayuda, muchos dirán que sí, que por supuesto... Porque esa "ayuda" está bien repartida, aunque no siempre entre quienes lo tiene que estar. Parte de esa ayuda se va quedando por el camino entre corruptelas, parentelas y "amiguelas". Claro que necesitan nuestra ayuda.
Cuando envié a los ministerios de exterior y presidencia mi escrito sobre la situación de RDC me contestaron con un listado de ayudas económicas astronómicas que España enviaba para "ayudar" a los congoleños. No dudo que se inviertan esas cantidades pero lo que afirmo que los sacos de ayuda humanitaria con el logo de la ONU se venden en los mercados de Kinshasa casi como productos "gourmets". Eso no es ayudar sino malgastar miles de millones. Mucha de la gente que llega a la política en África llega sólo para beneficiarse y beneficiar a su familia, a su clan, a su tribu. No sé en qué momento pierden la conciencia y dejan de ver a sus pueblos y a sus países como propios y dejan de interesarse por los suyos. No sé cuándo su cabeza hace "clic" y empiezan a convertirse o a sacar el monstruo bárbaro que llevan dentro. La clase política, la empresarial, las élites educativas e intelectuales se vuelven mezquinas y corruptas, tratando siempre de agradar al que más "ayuda" para conseguir su propio beneficio personal. ¿Cómo no va a ser corrupto el más miserable de los hombres si el resto en pirámide lo son? En ocasiones, la corrupción ni siquiera es por una necesidad económica o de subsistencia sino simplemente por hábito, por vicios. ¿De verdad que un profesor universitario necesita realmente "timar" a sus propios alumnos? ¿O el jefe de aduanas del puerto de Matadi?. Porque lo puedo entender en un funcionario de correos o en un militar que lleva, en el mejor de los casos, unos cuántos meses sin cobrar pero ¿en las élites, en las clases dirigentes?.
Luego está ese pueblo adormecido, resignado a su suerte y a las suertes que les ha tocado vivir de hace siglos para acá, que no es capaz de responder, de levantarse, de rebelarse. Aceptan su sino porque eso es lo que les ha tocado vivir. "El pobre negro"."Así es África, ¿qué vamos a hacer?". Y esto sí que no soy capaz de entenderlo. Madres que se parten el espinazo por sacar a toda su familia adelante (y cuando digo "a toda" no me refiero a nuestro concepto de unas 2 ó 3 personas sino a la familia extensa incluida) y que son el soporte de todo ese continente, que se dan con lo que haga falta y que soportan lo indecible y más, madres guerreras, luchadoras, intrépidas, emprendedoras... pero que ante sus clases dirigentes bajan la cabeza, perdiendo toda la dignidad que hasta se les desborda en el día a día.
Estudiantes adormecidos, cantantes comprados y corruptos que venden la imagen que no es a una juventud deseosa de objetivos, intelectuales desaparecidos e inexistentes, oposición posicionada al lado del poder y del dinero...
Esperemos que la ola que ha entrado por el norte consiga ir llegando a todos los rincones de esta África que es mucho más que miseria, dictadores y jirafas. Como dice un anuncio de cerveza de este verano "todos necesitamos un poco de sur para poder ver el norte". En el caso de África, más bien necesitamos “tener un poco de  norte para poder ver el sur”.
Esto es lo que sé de África. Imagen distorsionada, real, animosa, miserable, orgullosa, resignada, imagen adormecida...Mi imagen

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